Las mujeres somos una isla de sufrimiento a causa del amor. Sufrimos por todo, en todos los contextos. Sufrimos cuando amamos y no nos aman. Sufrimos cuando nos aman y no amamos. Sufrimos estando solteras y sufrimos estando en pareja. Parece que toda nuestra vida es un eterno sufrimiento, una lenta agonía. Siempre nos sentimos insatisfechas, todo es poco o mediocre. Y no me parece una desgracia que no nos conformemos tan fácilmente, al contrario, me parece que es el comienzo al camino de la superación personal. Que si sentimos que merecemos más, es porque estamos capacitadas para obtenerlo.
Sin embargo, a veces somos tan sufridas, que ya ni los amigos nos aguantan. Es que resulta un poco infumable estar con una persona que para todo tiene un lamento, o un reproche.
Según mi humilde opinión, los responsables de que nuestra vida amorosa sea un eterno desengaño, son los autores de los cuentos infantiles y las telenovelas de la siesta, la industria Disney, digamos.
Todas las mujeres crecimos escuchando el cuento de la Cenicienta, Blancanieves y La Bella Durmiente. Desde los tres o cuatro años, nuestros padres, nos sumergieron en un mundo de fantasía en donde la joven buena, bella y educada (y encima Princesa) era salvada por un Príncipe valiente, que para colmo, además de tener sangre azul, se enamoraba de ella a primera vista y viceversa. A los pocos días se casaban y comían perdices para siempre. Siempre me pregunte porque los cuentos no continuaban relatando las pequeñas minucias conyugales, como iban conociendo sus olores, sus sabores (los desagradables, claro está). En fin, como limaban las asperezas, porque no nos olvidemos que ellos se casaban a los tres días de conocerse.
Hoy más de un noviazgo de cuatro o cinco años se termina, sin siquiera haberse planteado la posibilidad concreta de compartir el cuidado de un helecho.
Pero continuemos con nuestro relato. Luego, ya entrando en la tierna adolescencia, las mujeres descubrimos el maravilloso mundo de las “telenovelas”. Lloramos, suspiramos y reímos con la heroína, también joven, bella y buena (que no es Princesa porque hoy la Monarquía esta en decadencia, pero si heredera de una cuantiosa fortuna). Y “él” bello, bueno, sufrido, ermitaño y mujeriego. Vive huyendo del amor, hasta que la conoce a “ella” y se enamora a primera vista para siempre. Les pasa de todo, superan toda clase de intentos de homicidio, secuestro, extorsión, en algunas oportunidades vuelven de la muerte, y en todas las tramas siempre aparece un hijo inexistente que esta a punto de separarlos. Vicisitudes más, vicisitudes menos, luego de año larguísimo, la pareja protagónica se reencuentra y se casa. Al igual que en los cuentos, me pregunto como se habrán llevado después de diez años de matrimonio, díganme si no les intriga saber si ellos no se plantean que tanto sufrimiento pasado fue al vicio.
Crecemos con esa imagen equivocada del amor. Para arrancar el amor no es solo heterosexual, después, ningún hombre está capacitado para salvar a nadie, imaginate que no pueden con ellos mismos. Tercero: el amor a primera vista no existe, lo que puede existir es la calentura, pero eso no perdura más allá de la tercera cita, después todo se enfría y el supuesto amor eterno se va al diablo. Cuarto: Hoy la gente casi no se casa, a lo sumo comienza a vivir en concubinato. Quinto: No existe ser humano sobre la tierra que pueda aguantar todo lo que tienen que sufrir estos pobrecitos, ni hablar de que después de un tiempo de tantas mentiras ya no se quieren ver más, hoy en día es muy común dejar de querer al amor de nuestras vidas…Y por último, los hombres que huyen del amor, nunca dejan de huir, es una mentira total eso de que son mujeriegos y se enamoran de una y se vuelven honestos y fieles de la noche a la mañana, el que es mentiroso, infiel y estafador lo va a seguir siendo, por lo menos mientras no lo descubran. Que otro ejemplo necesitás para entender que la literatura esta al servicio del machismo!?
Y así, queridas mías, crecemos engañadas, deseando un amor y una relación de pareja que no existe. Y como solo a los golpes se aprende, la vida cruel se encarga de desbaratarnos los sueños, y chocarnos de narices con la realidad: el Príncipe Azul no existe y nosotras no somos Cenicienta, aunque calcemos 36 y vivamos fregando pisos.

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Posted by:Lau Albertini

Periodista. Humorista. Feminista. Madre.

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