Cuántas veces escuchamos a mujeres como Jimena Barón o Sol Perez, exponentes emblemáticos de los cuerpos hegemónicos, hacer un culto de la vida sana.
Muy sueltas de cuerpo comentan por sus redes sociales que ellas no pasan hambre, solo hacen ejercicios, hasta muestran sus recetas healthy con banana, avena y quinoa.

Estas chicas fit de las redes sociales te muestran en sus historias como hacen 3 horas de cinta y después se clavan, entre pecho y espalda, una costeleta de un kilo y un flan rebosante de dulce de leche. Pero en realidad lo que hicieron fue cambiar el vómito por la cinta de correr, porque lo que esconde esta conducta es otra clase de trastorno alimentario, muy en boga los últimos años en los que el movimiento Body Positive irrumpió en las redes sociales, poniendo en evidencia el flagelo de la bulimia y la anorexia, me estoy refiriendo a la VIGOREXIA.

Este trastorno se caracteriza por una especie de adicción a la realización de ejercicios físicos, es una especie de fanatismo casi religioso, donde ponen a prueba constantemente su cuerpo, sin importar las consecuencias.
Pero como ellos no dejan de comer, creen que NO se trata de un trastorno alimentario, sin embargo no tienen en cuenta que ambas son “dismorfias” de la autoimagen, y por esto mismo la vigorexia tiene muchas cosas en común con la anorexia. Siendo la más característica la extrema preocupación por la apariencia, la distorsión de la imagen corporal y no seguir una alimentación equilibrada.
En serio, pensalo, si tu único tema de conversación es cuantos kilómetros corrés o cuantos abdominales haces, ¿te crees muy distinta a alguien que solo habla de la cantidad de calorías que tiene tal o cual alimento?
Y más allá de que las personas proclives a desarrollar estos trastornos sufran de baja autoestima y sean muy introvertidas, existen muchos factores socioculturales que influyen negativamente en el desarrollo de este trastorno, como el culto al cuerpo o los cánones de belleza hegemónicos que nos bombardean desde los medios de comunicación, donde nos quieren acomplejadas y sumisas.
Es por eso mismo que nunca hay que olvidar que todos los excesos son malos. Que una cosa es llevar una vida sana caracterizada por la realización de ejercicio físico – tan necesario para tener buena salud- y una alimentación saludable, y otra muy distinta es obsesionarnos con la realización del deporte hasta el extremo de enfermar nuestro cuerpo, porque una vez que entramos en la vorágine de conseguir unos músculos de acero somos capaces de tomar cualquier sustancia que nos asegure una solución mágica a nuestro vacío existencial.
No olvidemos que el amor y el cuidado hacia nuestro cuerpo es otra cosa.
Advertisements
Posted by:Lau Albertini

Periodista. Humorista. Feminista. Madre.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s