La sociedad por fin está despertando y tomando conciencia de que el feminismo no es una moda, y que entre las tantas aristas que lo componen está el asunto de los quehaceres domésticos. Mucho se habla de que el hombre tiene que trabajar codo a codo con la mujer en los quehaceres domésticos o con el cuidado de los retoños, porque el trabajo doméstico no solo es amor, también es trabajo no pago y le corresponde a todos los integrantes de la familia.
Pero mucho también se habla de lo inútiles que “son” los hombres a la hora de llevar adelante las tareas del “hogar dulce hogar”, y que por eso las mujeres terminamos haciendo todo nosotras, porque si no es “doble trabajo”.
Yo creo a pie juntillas que los tipos se hacen los inútiles para que una no les pida nada. No puede ser que quepa tanta inutilidad en un solo ser humano. O acaso nos van a negar que salvo que abran un armario y se le caiga el objeto que buscan en la cara, nunca encuentran lo que están buscando. Si los mandás a poner la mesa tienen que ir con un gps.
Sin embargo existe otra subespecie de inutilidad, más peligrosa aún. El que quiere y no puede. El que es mejor perderlo que encontrarlo. El que pone el lavarropas y mete ropa blanca con medias rojas. El que se le queman las ollas cuando cocina. El que rompe la mariposa cuando hay que cambiar el cuerito de la canilla. Osea, no solo no hace lo que tiene que hacer, sino que rompe más todavía. Este ser siniestro además de inútil te sale caro.
Y si tenés hijos agarrate, la de las veces que escuchamos a otras mujeres decirnos: “Que bueno que tu marido te ayuda con los chicos” ¡Como si esos chicos no fueran sus hijos también! Con la cantidad de modelos de familias que existen actualmente me da grima recordarles que padre no es el que “pone la semilla” solamente.
Por lo pronto, creo que uno de mis grandes aportes a la humanidad es criar un varón que – más le vale- encuentre los objetos en sus respectivos espacios de almacenamiento. Todavía no estoy viendo resultados porque el chiquitín tiene solo 5 años, pero no pierdo la fe.
Debo reconocer que una de las cosas que más me enamoró de mi amado es que el tipo reconoce que es un inútil, que no puede hacerlo y que, además, no quiere aprender a hacerlo, porque no quiere hacerlo. Pero no espera que lo haga yo, sino que paga para que alguien más lo haga. Uno de los mayores actos de amor de los tiempos de crisiss que corren. Creo que con eso me conquistó más que si me hubiera regalado algún diamante -mirá si seré barata la que lo parió-

Advertisements
Posted by:Lau Albertini

Periodista. Humorista. Feminista. Madre.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s