Todavía recuerdo con cierto estupor cuando una reconocida revista eligió a Millie Bobby Brown, la actriz de Stranger Things, de solo 13 años, como una de las mujeres más sexies de la televisión.
Y más estupor me causó cuando, ciertos periodistas al tratar el escándalo por las acusaciones de la red de pedofilia en el mundo del fútbol, dijeron que si la relación sexual era consentida no existía abuso.
Más allá del delito aberrante que la pedofilia supone, me parece que como sociedad, debemos apelarnos en que hacemos para cuidar a nuestros chicos de estas situaciones.
No ganamos nada horrorizandonos, lo que resulta imperante es terminar con la sexualización de nuestros niños.
Esto es un aprendizaje cultural, como romper con el machismo, tan intrínsecamente instalado en nuestra cultura, pero creo que como padres es el único camino posible, si es que nos preocupa el bienestar de los más pequeños, porque ya está visto que las leyes solas no alcanzan.
Para comenzar a tratar este fenómeno hay que tener en cuenta que la hipersexualizacion de los niños se da mayormente en las nenas que en los nenes, porque los roles de genero del mundo adulto se replican en los niños, por lo tanto lo sexual, fuertemente ligado al cuerpo femenino, se replica en las niñas, por ende es más normal ver niñas, no solo lookeadas como supermodelos, sino hasta tratadas como femme fatale.
El problema acá, no es solamente que las exponemos al abuso sexual, que es la consecuencia más lógica a la que se arriba, también creamos grandes traumas en las niñas pequeñas que no entran dentro de esos canones y que, por consiguiente, sufren discriminación desde muy temprana edad solo por su físico, lo cual impacta negativamente en su autoestima y conlleva a trastornos alimenticios, cada vez a edades más tempranas.
Además, como consecuencia lógica, las niñas terminan actuando como objetos sexuales, desarrollando acciones de género donde ellas están para “complacer” al varón. Por ende la imagen de la mujer se ve degradada, situación que contribuye a un incremento de la violencia contra ellas y al refuerzo de actitudes y opiniones sexistas, que a la larga derivan en discriminación laboral, acoso ­sexual e infravaloración de sus logros.
Para colmo de males, la falta de educación sexual en las escuelas vuelve toda esta situación en un arma de doble filo, es normal ver embarazos adolescentes, porque las nenas, que es lo que son con 13 o 14 años, se encuentran situadas en una falsa madurez que no entienden, de ahí es que por más que la relación sexual con un menor sea consentida, igualmente se la considera un abuso.
No incentivemos a que nuestros hijos quemen etapas, dejemos que sean niños, que vivan una infancia feliz, que la inocencia los haga libres y no esclavos de las perversiones de una sociedad enferma de banalidad.

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Posted by:Lau Albertini

Periodista. Humorista. Feminista. Madre.

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