La noche del pasado 19 de febrero fue de terror para Débora, que fue víctima de dos situaciones de acoso callejero, primero tuvo que soportar que un señor la manosee en la calle, y al buscar resguardo en la estación Agüero del subte D, un exhibicionista sentado en el andén del frente comenzó a masturbarse sin dejar de mirarla. Por suerte Débora tuvo la lucidez de comunicarse con su hermana vía WhatsApp y además tomar fotografías y filmar, para denunciar en Facebook y luego ante la justicia lo sucedido.

Situaciones como estas son moneda corriente para las mujeres. Cuando hablamos de acoso callejero no nos referimos a que alguien te grite un piropo soez o te toque bocina al cruzar la calle, hacemos referencia a estas situaciones que nos generan la incertidumbre de si seremos violadas o no. No podemos comparar el piropo grosero a que un taxista te persiga 5 cuadras describiéndote todas las formas de acostarse con vos que se le pasan por la cabeza, no sabés si el tipo se va a bajar y te va a meter a la fuerza al auto, o como lo que le pasó a Débora, no saber si el tipo del subte va a cruzarse de andén y violarla en la estación vacía. Sin duda alguna, ambas prácticas no hablan de un hombre que quiere halagar a una mujer en el afán de conquistarla, sino más bien manifiestan el morbo que sienten al provocar miedo en una mujer por el simple hecho de ser hombres y estar en una situación de poder.

Sin embargo, ocurrió otro suceso relacionado a esta situación que me provocó escribir estas líneas. Hoy Nicolás Repetto en el noticiero de TELEFE le hizo una entrevista a Débora y le preguntó cómo estaba vestida. Es una muy desafortunada pregunta, sobre todo para una persona que se desempeña como formador de opinión pública, es hasta un acto de irresponsabilidad si se quiere, teniendo en cuenta los tiempos que se están viviendo, pero entiendo a Repetto.

Entiendo que lo preguntó casi como apelando al uso del sentido común al hacer una comparación con llevar un objeto de valor y ser víctima de un asalto violento, y por esto mismo no estoy de acuerdo con el escrache del que fue víctima en las redes sociales, donde en twitter –la más virulenta de todas- hasta se pedía su cabeza ante las autoridades del canal. La violencia y el escrache no me parecen el camino a seguir. Creo que lo que tenemos que hacer es aprovechar este desacertado comentario para educar a la sociedad sobre la necesidad imperante de quitar el foco sobre la víctima de un delito –cualquiera sea este- porque si lo que queremos es avanzar como sociedad no podemos seguir pensando que son las acciones las que provocan a los delincuentes, porque primeramente no somos animales que no podemos controlar nuestros instintos, y además porque resulta fundamental educar en valores para que esos delitos no se cometan, porque el castigo sin educación tampoco es la respuesta.

 

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Posted by:Lau Albertini

Periodista. Humorista. Feminista. Madre.

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