La desigualdad de género en la cuestión laboral es una de las principales aristas que componen la lucha del movimiento feminista a nivel mundial. Bien sabido es que una mujer no solo se encuentra en desigualdad de condiciones a la hora de aplicar para un puesto laboral, sino que además, si lo consigue, no recibe el mismo salario que un hombre, en exactamente el mismo puesto.
Según un documento realizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) a lo largo de los últimos treinta años, en la Argentina tuvo lugar un constante incremento de la participación económica de las mujeres. Sin embargo, este proceso se dio en el contexto de un aumento del desempleo, tanto para hombres como para mujeres, y de la precarización de los puestos laborales. Actualmente, la actividad femenina es de un 48,7% (47%), lo cual significa un incremento de la participación de las mujeres en el mercado laboral, aunque sigue siendo significativamente menor que la participación masculina, que representa un 73,3% (72%). Por otro lado, la desocupación afecta a mayor proporción a mujeres que a varones: el 6,9 % de los varones y el 11% de las mujeres económicamente activas se encuentran en esta situación.
Además resulta primordial destacar que en nuestro país las mujeres ganan en promedio un 27% menos que los hombres por el mismo trabajo, una brecha que aumenta a cerca del 40% en el caso del sector informal donde reciben ingresos frágiles. Entre las mujeres trabajadoras, el 47,5%, tiene empleos en negro, mientras que para los hombres, este indicador representa un 38,1%. Por lo tanto la informalidad y precariedad se encuentran a la orden del día en lo que a inserción laboral femenina se refiere.
Igualmente no podemos ignorar que las mujeres dedican más del doble del tiempo que los varones a tareas no remuneradas, principalmente las domésticas.
Otro indicador a tener en cuenta es el que informa que las mujeres se desempeñan en tareas tradicionalmente consideradas femeninas del sector de servicios, tales como la enseñanza (17, 8%), las actividades comerciales (15,2%) y los servicios sociales y de salud (9,6%). Un 17,1% trabaja como personal doméstico, que se presenta como el sector de más vulnerable ya que, según el INDEC, el 92,3% se encuentran trabajando en negro. En cuanto a la segmentación vertical, según la Encuesta Permanente de Hogares, el 63% de los puestos directivos son desempeñados por varones y el 37% por mujeres.
El empoderamiento de las mujeres y su igual participación en los entornos laborales representa un factor clave para el desarrollo y la mejora de las condiciones de vida de las comunidades, porque como manifestaba el Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres en su discurso, “cuando las mujeres participan plenamente en la fuerza de trabajo, se crean oportunidades y se genera crecimiento. El aumento de la proporción de mujeres en las instituciones públicas hace que estas sean más representativas, aumenta la innovación, mejora la adopción de decisiones y beneficia a sociedades enteras”.
El sector privado representa todo un desafío, las empresas pueden propiciar la eliminación de los obstáculos que impiden la participación económica de las mujeres; a través de la promoción de mujeres en puestos directivos sobre la base del mérito; asegurando la igualdad salarial e invirtiendo en la formación y capacitación de las mujeres para que desarrollen una carrera profesional dentro de la empresa; todo esto en un ambiente seguro y con una política de tolerancia cero hacia todas las formas de violencia o discriminación contra las mujeres en el ámbito laboral.

Los Principios para el empoderamiento de las mujeres

Promover la igualdad de género desde la dirección al más alto nivel.
Tratar a todos los hombres y mujeres de forma equitativa en el trabajo; respetar y defender los derechos humanos y la no discriminación.
Velar por la salud, la seguridad y el bienestar de todos los trabajadores y trabajadoras
Promover la educación, la formación y el desarrollo profesional de las mujeres.
Llevar a cabo prácticas de desarrollo empresarial, cadena de suministro y mercadotecnia a favor del empoderamiento de las mujeres.
Promover la igualdad mediante iniciativas comunitarias y cabildeo
Evaluar y difundir los progresos realizados a favor de la igualdad de género.

Para terminar resulta importante destacar que para crear un futuro sostenible, tanto hombres como mujeres debemos trabajar juntos para que los negocios sean sinónimo de igualdad y desarrollo sostenible.

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Posted by:Lau Albertini

Periodista. Humorista. Feminista. Madre.

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